Lucas


Présteme atención una sola vez. no más que eso. No sé quién es este gil que escribe todo lo que ordeno pero es la única conexión que tengo con el mundo real. Es mi catalizador, mi única esperanza de volver y el tiempo no me está sobrando.
Resulta que la semana pasada tuve que seguir de largo, pasarme toda la noche estudiando, para después entrar al laburo y al hacerse de noche otra vez estaba muerto de sueño. Pero recibí la llamada de un amigo y por eso accedí a vernos. Empezamos tomando un fernet, prendimos uno y rápidamente me pasé de rosca con el sueño. Está más que claro que necesitaba dormir, al día siguiente volvería a trabajar y si no dormía no sería productivo.
No digo que sea Henry Ford, pero con un poco de descanso te soy bastante rentable.
En fin, a mi amigo no se le ocurrió una mejor idea que recomendarme que tome unas pastillas para dormir, ya que estaba tan pasado de sueño que otra vez andaba con insomnio.

Se fue, tomé dos pastillas y me tiré a la cama. Dormirme me habrá llevado unos 5 minutos. O segundos, yo qué sé, la cuestión es que de repente ya estaba cansado.
Y comienza mi primer sueño: abro los ojos y una batalla terrible, completamente épica de mujeres desnudas contra lobos feroces parados en dos patas y bien musculosos, semi-hombres. Explosiones, lásers, gritos, rugidos e incluso música, un mix bastante jodido.
No se confunda ni se deje llevar por las emociones que normalmente tendría en el mundo real: no sabía de qué lado pararme, porque en primer lugar las mujeres estaban destrozando a estos otros seres horribles. Donde veía, una mujer le arrancaba una cabeza, clavaba un espadazo, trituraba con un láser o aplastaba con un súper tanque a algún lobo.
En segundo lugar, yo no soy mujer ni estaba desnudo, y si me ponía de su lado y de repente me convertía en una mujer desnuda? Y fue en plena duda que, como pasa con los sueños, las cosas mutaron: esas mujeres y lobos se convirtieron en un partido de fútbol, y de repente el planeta extraño era un estadio repleto de hinchas que coreaban mi nombre.

No lo dudé un sólo segundo: pido la pelota, me la pasan y empiezo a encarar y desparramar rivales. Tiro un caño, un par de paredes con varias estrellas de allá. Cuando estoy a punto de hacer el gol, un monstruo de aproximadamente unos 35 metros de altura se hace presente creando un pánico sin igual. Era el inicio de una nueva historia.
Ahora resultaba que tenía que escapar de esta especie de dinosaurio, y para hacerlo me subí a un auto que había en la calle. Para qué, digo yo. Era obvio que cuando me subiría al auto empezaría otra historia. Y así fue. De repente estaba corriendo una carrera, esquivando accidentes, trompos, gente que se tiraba a la pista en plan suicida, chicas pulposas que como si fuera un recital de rock me mostraban las tetas.
Como se imaginará a esta altura, nunca pude terminar la carrera, porque así son los sueños, la mente y los deseos van cambiando tanto que rápidamente no son nada hasta no cumplir uno nuevo.

Y bueno, si bien no está tan bueno estar atrapado en un sueño, emociones no me faltan. Allá en el otro mundo yo era Lucas, un pibe de apenas 22 años. Seguro mis viejos deben andar preocupados, mis amigos embolados y mi novia bastante caliente. Pero si alguien conoce a unos padres que están buscando a algún Lucas, díganles que supieron de mí, y que estoy bien, adaptándome a vivir cada una de mis historias. Díganles también que conocí mucha gente famosa, y que ya llevo salvando al mundo unas 15, 20 veces. Soy lo que podrían decir ellos un orgullo.