El amor es hermoso.

Tengo un despertador de esos que se consiguen en todos lados. Nada del otro mundo, da la hora y suena según la hora uno decida. En fin, uno barato.
Uno termina de entender la ecuación costos/beneficios de sus bienes cuando el beneficio deja de funcionar. Eso explica en parte una de las razones por las cuales llegué tarde a trabajar hoy.
Si. UNA de las razones. Porque al ser justo un día lluvioso, en mi ciudad no es fácil conseguir un colectivo que llegue a horario. Aunque eso no debería ser excusa, ya que los días soleados tampoco sucede eso.
Como le decía, llegué tarde al trabajo. En parte por mi mala suerte y en otra por mi ineptitud de colgarme leyendo las letritas desgastadas del colectivo “en caso de em rgencia” (no decía qué cosa había que hacer o a quién había que acudir), lo que provocó que me pase de largo mi parada.
No hace falta que explique que mi jefe no es una de esas personas a las cuales uno puede venir y contarle “no sabés lo que me pasó”, porque realmente qué me pasó le importa menos que la justicia a un abogado. Así que desde bien temprano, sin desayunar, me comí un reto casi gratis.
Luego un corte de luz me impidió continuar con mi plantilla de Excel, que obviamente no había grabado, a pesar de estar a punto de terminar con mi trabajo. También sucedieron una serie de cosas que voy a pasar a resumir para no aburrirlo, pero básicamente la vianda del día fue polenta, el café se me cayó sobre mi camisa limpia (por suerte estaba frío, como todos los días, ya que nunca tengo tiempo para tomarlo), el colectivo para volver tampoco fue fácil conseguirlo y mi parada también se me volvió a hacer difícil de lograr a tiempo (esta vez fueron las bondades de Dios para con el físico de una joven). Al llegar a casa la recriminación de mi pareja por no haber llegado a tiempo y que cómo manché la camisa limpia, que tengo que empezar a prestar más atención y alguna otra cosa más que no escuché porque apagué mis oídos mientras me hablaba.
“Apurate que llegamos tarde” me dijo, y no lo niego, me llevó un par de segundos entender que se refería a la película que habíamos acordado ir a ver al cine. Como me venía de comer un reproche más, no creí conveniente decirle que había tenido un día difícil y que no tenía para nada ganas de moverme de casa, así que me evité todo tipo de discusiones y rezongos y me fui a cambiar la camisa.
Llegando al cine me dijo “elegí vos la peli”. Opté por una que me había recomendado un amigo con el cual compartimos criterio pero ella me puso una cara de disgusto que le pregunté cual prefería.
“me da lo mismo cualquiera” dijo, mientras miraba la cartelera de una comedia romántica. De más está decir que es el único género que no me gusta, pero me dije a mí mismo: “por qué no hacer un día completo, me reúno todos los disgustos en un día, y quizás Dios o quien sea que esté arriba me recompensa mañana”, así que le di para adelante con “El amor es hermoso”.
La alegría de mi pareja no duró mucho. Al inicio de la película me dijo: “me parece que vos no tenías ganas de ver esta peli”. “pero sí mi amor, lo que me importa es estar acá con vos” le dije cual hombre leyendo el manual de convivencia. “Vos no habrás querido venir a ver esta película porque actúa Keira Knightley, no?” me reprochó.
Y ahí empezó todo.
- Flaco tu cabeza hizo un ruido – me dijo un pibe que se ve que no tenía mucho tiempo de noviazgo o estaba con una amante o algo raro había fumado porque se lo veía totalmente feliz.
- Un ruido? Cómo un ruido?
- yo también lo escuché – dijo una señora entrada en años en un tono menos amigable, mientras su marido con la mirada me pedía perdón por el exabrupto de su mujer.
De golpe, reaccióne. Mi cabeza volvió a hacer un ruido.“CLIC”.
- Ves? Ese ruido – dijo el flaco que estaba con la novia.
- Gordo me estás haciendo pasar vergüenza – dijo mi novia no ayudando a la situación.
CLIC. CLIC.
“Bueno bueno ya está bien”, dijo un señor que se ve que venía obligado a ver la película.
CLIC. CLIC. CLIC.
- Perdón, no sé que es lo que pasa – dije, acompañado de una cara de suplicio, buscando algún alma que me comprenda y perdone.
Pero nada. CLIC. CLIC. CLIC. CLIC. CLIC. CLIC. CLIC. CLIC.
“Pero qué es ese alboroto” protestaron desde los asientos convenientemente ubicados en la parte trasera de la sala, seguido de unos murmullos que se transformaron en voces y luego en abucheos.
De repente, una linterna apareció alumbrando la sala, y una voz con un tono cansado de las pelotas me preguntó – Qué pasa acá, a ver…

Y ésa, señor acomodador, es la razón por la cual creo que mi cabeza hizo clic hoy.